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LA FUERZA DEL NI UNA MENOS

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Cuando empecé la carrera de antropología una de las primeras cosas que aprendí a identificar es la noción de que nada de lo que somos es natural. Somos animales sociales, es decir que nuestra existencia como especie es posible gracias al trabajo colectivo organizado socialmente y los lenguajes, herramientas, usos, costumbres- en definitiva la cultura- que esa cooperación social implica.

 

De esta idea, relativamente simple, se desprenden conclusiones importantes, que lamentablemente no suelen replicar los grandes medios de comunicación.

 

Una de ellas tiene que ver con la comprensión de que las instituciones, los valores, las relaciones de poder que conocemos, no estuvieron siempre ni tienen una explicación “natural” de fondo. La palabra que solemos usar para esto lxs antropologxs es “des-naturalizar”, es decir reflexionar sobre los fenómenos de la vida humana comprendiendo que ellos no están dados por “la naturaleza”, no fueron siempre así y tampoco tienen una sola forma de ser. Nuestro modo de vivir (y pensar y sentir!) está profundamente arraigado en un sistema social que nos precede y nos educa inculcándonos los valores que necesita para reproducirse.

 

La opresión hacia la mujer, la familia nuclear monogámica, nuestra forma de entender - y vivir- el amor, el lugar que le damos a las instituciones del estado burgués, son todas construcciones socio-históricas, es decir que están determinados por la forma en que la sociedad (más puntualmente, la clase social dominante) les da en un determinado punto del desarrollo histórico.

 

De esta manera, podemos ver que la historia no está diseñada ni prefigurada por un ser superior e intangible, sino que por el contrario somos los hombres y las mujeres quienes la construimos día a día. Lo cual nos ofrece no sólo una perspectiva histórica sobre los problemas socialmente constituidos, sino que además nos recuerda que el futuro no está escrito todavía y tenemos la capacidad (y, creo yo, la necesidad) de cambiar el rumbo de la historia.

 

Disculpe las molestias, pero nos están matando

 

Cuando una mujer en Argentina dice “Ni Una Menos” esas palabras contienen una carga que no viene por si misma, sino que está asentada en la fuerza de un movimiento de mujeres que de manera creciente en los últimos 6 años, tomó las calles en la lucha contra la violencia de género. Con un Encuentro Nacional De Mujeres* que desde hace 35 años se reúne anualmente y discute las principales problemáticas que enfrentamos las mujeres, el movimiento en argentina pegó un salto en 2015, copando las calles de manera masiva y colocando el problema de los femicidios en la agenda pública.

 

La visibilización de la violencia de género vino acompañada de un crecimiento en la organización y la apertura del debate en torno a temas considerados tabú por mucho tiempo. En el centro de la escena aparecían temas como la cultura de la violación, el aborto clandestino, el falocentrismo binario, la irresponsabilidad sexoafectiva, las redes de trata, etc. Muchos de estos temas aún no fueron saldados al interior del movimiento de mujeres, tan masivo como heterogéneo.

 

Lo cierto es que la conformación y reagrupamiento de colectivos de mujeres ha logrado imponer estos temas en la agenda, y sin embargo asistimos no sólo una continuidad sino incluso un recrudecimiento de la violencia que las mujeres que padecen en sus cuerpos (en 2014 hubo un femicidio cada 30 horas, mientras en lo que va del 2021 es uno cada 22 horas). Nos desgarra la noticia de una nueva mujer asesinada cada día, desorientadas nos miramos en busca de respuestas ¿qué nos está faltando? ¿Por qué aumentan los femicidios si aumenta también la conciencia sobre el tema?

 

Pero también podemos preguntarnos si el que los colectivos de mujeres ocupemos cada vez más espacios en el debate político e intelectual con esta temática puede compensar realmente toda una estructura de dominación que inculca en la violencia hacia la mujer en las escuelas, en las casas, en las iglesias. ¿Todo lo que aprehendimos en nuestra vida puede transformarse tan rápidamente?¿Es acaso un problema de ideas? ¿No hay una cuestión material muy concreta? ¿No vemos cada vez mas y mas casos de pibas y mujeres asesinadas que sí habían tomado conciencia del problema, que habían denunciado, incluso que se reivindicaban parte del colectivo de mujeres? Una mujer pobre que no tiene a dónde ir afronta dificultades mucho más grandes que el de tomar conciencia. Una piba de 19 años que tenía 18 denuncias hechas y una perimetral aparece sin embargo asesinada por su ex, un policía, y cuando su amiga se moviliza a la comisaría a pedir justicia le responden pegandole un tiro a la cara.

 

El Estado es Responsable

 

Y allí es dónde aparece el problema de la responsabilidad estatal. El colectivo de mujeres en argentina se debate las causas y el fondo del problema: ¿es la justicia misógina, es el machismo, es la iglesia, es la policía, es el gobierno que no desarrolla políticas efectivas de prevención y erradicación de la violencia de género?

 

En mi opinión, como antropóloga y militante de esta y tantas otras causas, es hora que el movimiento de mujeres emprendamos un balance de nuestros logros y limitaciones. Hemos logrado des-naturalizar la violencia de género, muchos mecanismos de dominación y el carácter profundamente misógino de las instituciones. Hemos logrado hermanarnos, unirnos para golpear como un solo puño en las calles, cuestionar, hablar, escucharnos. Pero también tenemos que reconocer que este es un problema material y no simplemente dialéctico: en una sociedad donde la violencia de clase es la norma; donde el poder político gobierna para los capitalistas y para hacerlo se apoya en instituciones oscurantistas y reaccionarias que enseñan en el desprecio hacia las mujeres y la naturalización de la violencia; que destina sus recursos a garantizar negociados para las grandes empresas y no para garantizar condiciones de seguridad para las mujeres ¿cómo podríamos erradicar la violencia de género en estas condiciones?

 

Mi conclusión es que la lucha por mejorar nuestras condiciones actuales de vida no puede esgrimirse sobre la naturalización del capitalismo y su violencia de clase. Sino, estamos tapando la parte del problema que más nos cuesta ver y erradicar pero en el cual asienta sus raíces. Lo que quiero decir con esto es que no hay nada de natural en la opresión hacia las mujeres, como tampoco hay nada de natural en las estructuras de dominación capitalista que nos someten.

 

Alguna vez leí que la revolución será feminista o no será, ¿No será al revés?¿Que el feminismo será revolucionario, o no será? O dicho de otra forma, la lucha contra la opresión hacia la mujer tendría que ir de la mano de la lucha contra la opresión de clase.

 

Vivas nos queremos

 

La fuerza del Ni Una Menos nos atraviesa, nos nombra en cada nombre de cada mujer que enterramos, nos recuerda la urgencia de terminar con este régimen, nos convoca en nuestra capacidad colectiva de luchar por un mundo donde podamos disfrutar(nos) plenamente, nos interpela para que pongamos fin a la barbarie. Propongo que pongamos todo esto que nos conmueve, que nos moviliza, que nos enoja y sensibiliza, en un esfuerzo conciente por repensar qué más tenemos para desnaturalizar y transformar. Para construir un presente de lucha que nos diga que el futuro es nuestro.

 

*Ahora llamado Encuentro Plurinacional de Mujeres y Diversidades

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Daniela Belen Miranda

Profesora de Enseñanza Media y Superior en Ciencias Antropológicas

Universidad de Buenos Aires

militante del Plenario de Trabajadoras

Buenos Aires

 

Osvaldo Carvalho

Artista visual e membro do conselho de arte da revista Ignorância Times

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Rio de Janeiro

 

fevereiro 2021