Bilhões de pessoas, presas em casa; tempo para refletir, assim discernir o que normalmente e desnecessariamente nos agita em todas as direções. Esse espaço serve e servirá para isso. Aprender a lidar com os limites de outro modo, subvertê-los e incorporá-los. Façamos desse espaço uma experiência máxima desse limite. Sigamos esse longo, doloroso e inesperado confinamento. Juntos!

  

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LA NUEVA NORMALIDAD CON TAPABOCA

 

 

 

Estuve googleando y encontré que “nueva normalidad” no es un concepto tan nuevo, ya lleva más de 10 años dando vueltas, por lo tanto, tampoco fue creado para referirse al estado de situación creado por la pandemia de Covid-19.

 

El origen del término lo encontré en la órbita financiera y su definición parece ser esta: «Denominación que se le da a la situación económica mundial surgida de la crisis de 2008, implica la ralentización del crecimiento económico anual de China en particular y el del resto del mundo en general, la llegada y crecimiento de la economía colaborativa, así como la transformación del mercado laboral de un "trabajo para toda la vida" en uno de "trabajos consecutivos".»

 

En 2015, Francisco Vacas Aguilar (consultor tecnológico, profesor en la universidad Rey Juan Carlos de Madrid y en la universidad Austral de Buenos Aires) publicó: La nueva normalidad. Evolución tecnológica, comunicación y empleo. (https://www.cef.es/files-cef/la-nueva-normalidad.pdf)

Y su resumen dice: «La nueva normalidad es la forma (momentánea) que han adoptado nuestros empleos, nuestras relaciones, nuestras formas de consumo y, finalmente, nuestras esperanzas en este principio de siglo.

Este libro explica eso, cómo hemos llegado hasta aquí y las incógnitas que surgen en esta nueva normalidad en la que, nos guste o no, ahora nos encontramos.»

 

En relación con lo que dice este resumen y pensando en la nueva normalidad en tiempos de coronavirus, creo que sabemos (más o menos) cómo llegamos hasta aquí; tenemos (sí) muchas incógnitas sobre esta nueva normalidad; esperamos que sea momentánea, pero no tenemos idea de cuánto va a durar y, decididamente, no nos gusta.

 

Así como la realidad del mercado laboral no volvió a la “normalidad anterior”, el trabajo para toda la vida ya es un anacronismo y ningún joven aspira a trabajar toda la vida en el mismo lugar; tampoco hubo marcha atrás en los cambios generados por las nuevas tecnologías que transformaron los empleos, la forma de consumo y, muy especialmente, en las relaciones personales. Por eso no creo que la nueva normalidad que ahora se impone pueda revertirse totalmente. Algún día volveremos a tocarnos, abrazarnos y besarnos, pero va a ser diferente.

 

El distanciamiento social va para largo. Las vacunas van a demorar un par de años en estar en el mercado y hasta entonces, solo nos podemos cuidar manteniendo el distanciamiento… AÑOS.

Obviamente, el mundo no puede estar paralizado durante años y la gente no puede pasar años encerrada, como presa. De a poco, se va a ir retomando la actividad en todos lados. Con muchas precauciones, por sectores de actividad, por área geográfica, los jóvenes van a volver a trabajar y a estudiar y los niños van a volver a la escuela. Pero los veteranos y los grupos de riesgo, tendremos que seguir adentro un tiempo más, cuidándonos para no enfermarnos, porque somos los que tenemos más probabilidad de precisar hospitalización y es nuestra responsabilidad mantener “plana la curva”.

 

Tendremos que seguir posponiendo los abrazos y acostumbrarnos a otras formas de relacionamiento sin contacto.

Y esa falta de contacto va a instalarse en nuestra rutina, al igual que el uso de tapaboca, el lavado de manos obsesivo y la desinfección de las suelas de los zapatos al volver de la calle… Porque vamos a volver a salir a la calle; con tapabocas, sí; con cuidado, sí; con menos frecuencia; no ahora mismo, poco a poco, pero volveremos a salir. Y entonces, ¿aprenderemos a reunirnos sin tocarnos y manteniendo una distancia prudencial?

 

Va a ser un tiempo de aprendizaje (duro) que va a modificar nuestro comportamiento, tal vez para siempre. Como efecto secundario, posiblemente se van a exacerbar nuestros miedos y angustias. ¿Nos asustará que alguien se nos acerque demasiado en la calle o que nos hable un desconocido que no use tapaboca? ¿Tendremos el impulso de cruzar la calle si hay menos gente en la vereda de enfrente? ¿Cuándo nos animaremos a volver a la feria, a subir a un ómnibus?

Y sobre todo, ¿cuándo sentiremos que es seguro volver a abrazar?

 

Libertad con responsabilidad”

 

La consigna de esta nueva normalidad parece ser la “libertad con responsabilidad”. Al menos, es el mensaje que dio el presidente uruguayo la semana pasada al anunciar que el país va a ir permitiendo el reinicio de algunas actividades dentro del marco de la nueva normalidad.

 

Según la definición del diccionario, responsable es quien “pone cuidado y atención en lo que hace y decide”, o sea, nos piden poner cuidado y atención en el uso que hacemos de nuestra libertad. Uno supondría que la mayoría de los adultos que vivimos en sociedad aprendimos cuáles son las normas de convivencia, sabemos que nuestros derechos terminan donde empiezan los de los demás, conocemos nuestras obligaciones y, al respetar todo esto, ejercemos nuestra libertad con responsabilidad.

 

Pero si la “nueva normalidad” implica un cambio en las reglas de relacionamiento social y tenemos que aprender nuevos códigos de convivencia, será necesario explicitarlos muy claramente. ¿Qué significa “libertad con responsabilidad” en tiempos de coronavirus?

 

En estos momentos, hay personas que se quedan en su casa y no salen ni a sacar la basura, otras tienen que salir a trabajar y lo hacen con muchas precauciones y algunos, quizás los menos, salen de paseo y siguen su vida “como antes”. Estos últimos son muy criticados, especialmente en las redes sociales, en las que no se escatiman epítetos, desde irresponsables hasta asesinos (sí, asesinos, lo leí, no me lo contaron).

 

Pero, si las nuevas reglas de convivencia no están claramente explicitadas, nadie tiene derecho a juzgar a los demás, por más convencido que esté de que SU versión de lo que hay que hacer (y sobre todo, lo que no hay que hacer) es la correcta.

 

Una cosa es saber positivamente que lo que alguien está haciendo es incorrecto o peligroso y otra cosa es limitar (o autolimitar) nuestra libertad por miedo.

 

En función de lo que sabemos de la situación y su posible evolución, creo (no afirmo) que un comportamiento responsable se basa en mantener el distanciamiento social. Otro término de moda que da para la próxima reflexión.

 

 

 

 

Laura Bissio

Arquiteta e tradutora 

Montevidéu-Uruguai

 

 

Wolf Silveri

Fotógrafo

Viena

 

Maio 2020